miércoles, 4 de febrero de 2009

El horror de la guerra

Salimos tipo 9 a buscar unos libros técnicos en una librería en la calle Melendez Valdes en el centro de Madrid. El Cocodrilo Verde se especializa en libros de computación, y tienen una buena oferta en libros en español y en inglés. No puedo dejar de pensar cuándo entro en que tiene los días contados. Es mucho más fácil comprarlos en internet y en un país dónde el correo funciona no tiene ningún sentido no comprarlos directamente al editor en un nicho super técnico como éste. Compré un montón de libros para la oficina y pesaban un mundo, asi que nos aprovechamos de estar en el primer mundo y le pedimos que nos los enviaran a la casa.

Nos fuimos caminando hacia Fuencarral, y compramos un montón de libros de literatura en una de las sucursales de La Casa del Libro. Tres pisos llenos de libros que te recuerdan el placer de encontrarse con el libro que lo espera a uno en cada librería.

Seguimos caminando y entramos en el Reina Sofia a la exposición sobre el fotografo Alberto García-Alix. La retrospectiva "De dónde no se vuelve" muestra un montón de fotos del pana que está centrado en motocicletas, tatoos y personas borde, incluyendo a su novia, sus panas y sus autoretratos.







Despues pasamos por una exposición de videos de un artista Lituano llamado Deimantas Narkevičius. Este amiguito ha trabajado full con videos y realmente me parecieron una metida de dedo en el ojo. El montaje (en la parte nueva del reina sofia) está super bien hecho; las salas de video son un espectáculo; nos quedamos unos minutos, pero realmente no pudimos soportar mucho.

Luego nos fuimos a ver una de las obras que más me gustan: El Guernica. Cuándo lo ví por primera vez, realmente me quedé sobrecogido del poder de esta obra. Esta vez no fue diferente.



Nos quedamos un buen rato, viendo el detalle de esta imponente obra, y pensando en lo que puede significar el horror de la guerra. Tenían una exposición sobre la guerra civil española, lo cuál hacía más impactante ver el cuadro. Tenían una maqueta sobre el pabellón dónde se mostró por primera vez el Guernica, y que sirvió de propaganda para el gobierno repúblicano que era atacado por el ejército liderado por Franco. Impresiona aún más saber que esta obra fue hecha en menos de tres meses. Realmente uno sale de ahí agradeciendo no estar cerca de una guerra, y pensando en lo irresponsable que podemos llegar a ser cuándo se siembran los odios que se cosechan en guerras.

En la parte de afuera nos tripeamos La Torre, una obra de un argentino que es realmente divertida.
El argentino Leandro Erlich logra con espejos y mucha creatividad un efecto bien malandro.

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Despues de ahí y con el peso del guernica en la retina, nos fuimos a encontrar con unos amigos en su casa. Llegamos como a las 8pm y salimos como a la una. Nos devolvimos en Metro, entendiendo lo jodido que vivimos en Caracas, dónde no se puede caminar nunca sin estar dispuestos a toparte con la incivilización en forma de malandro.

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