miércoles, 21 de enero de 2009

Cita nocturna con La Mona

Primer día en Paris, yupi!!

Vamos en busca del recorrido número uno para turistas japoneses (o rusos, americanos, etc,,,); desde el arco de triunfo hasta el Louvre. Nos vamos hasta la plaza Republica y de ahí tomamos el Bulevard Haussmann para llegar al arco de triunfo.

El bulevard Haussmann es famoso por que tiene las grandes tiendas Galerías La Fayette (fundada en 1893 con una arquitectura impresionante) y Au Printemps (un poquito más vieja; desde 1865 están vendiendo cositas).

El bulevard lleva el nombre del pana que modificó la cara de París en 1860; el pana fue el que diseñó París como se conoce actualmente. Fue contratado para hacer París más salubre (antes de él la ciudad olía a camuninga), más vivible y no menos importante impedir que alguien pudiera tomar las calles de la ciudad con barricadas. Para cumplir este último objetivo el pana pensó en calles muy muy anchas, dónde por más que hubieran algunos protestantes siempre podría pasar el ejército. Adicionalmente, y con el desarrollo que habían alcanzado los trenes, pensó que la ciudad se pudiera conectar con las afueras mediante trenes que llegaran a grandes estaciones (con Puerta del este y puerta del norte como mejores ejemplos).

Con estos "truquillos" que costaron un montón de plata de la época, nuestro amiguito logró construir el París moderno, a costa de destruir el París medieval (lo de "destruir" es cita de sus enemigos de la época). Sus diseños "urbanísticos" (una ciencia que todavia muy pocos entienden) contribuyeron a crear una ciudad abierta al comercio y mucho más "pública". En la comuna del 71, se comprobó que el objetivo había sido lograda; esta revuelta que buscaba mantener un gobierno independiente en París fue despachada en menos de lo que se dice "Napoleón III, vete ya!!". La revuelta duró sólo 2 meses. Me imagino que le darían algún bonito al pana Haussman.

Despues que caminamos los 2 y medio kilómetros del bulevarcito, llegamos al Arco de Triunfo. Al llegar hicimos lo que hace cualquier venezolano que se precie; buscar con la boca abierta el nombre de Francisco Mirada. Está muy bien ubicado; pero sólo con el apellido como el resto de los 558 soldados que están. Subimos al museo (como 20 pisos que subes por una escalerita mínima, perfecta para salir corriendo en un incendio); tienen unas foticos y un montaje con explicación de las esculturas que tiene el Arco. El Arco es como un cuerpo al que se han agregado Tatoos; fue construido en 1805 y luego le han agregado nombrecitos, esculturas y cambios para celebrar nuevos triunfos del ejército (lamentablemente no tienen ningún Arco del Fracaso, que pudiera servir para evitar nuevos errores en el futuro. Lo mejor que tiene el Arco es la vista desde arriba. Debido a la altura de los edificios (reguladas desde nuestro conocido Haussmann) se puede ver todo París desde el Arco. Vale full la pena los 6 euros que te cobran por subir.

De ahí nos fuimos (con la dignidad patria refrescada) hacia los Campos Eliseos. Esta avenida tiene como 8 cuadras de tiendas, una más arrecha que la otra. Tienen un par de concesionarios que no venden carros (Peugeot y Renault) pero tiran una tremenda pinta. Comimos en una franquicia Francesa un Boulagenrie (conocida en caracas como canilla) y unos dulcitos increíbles. No es cuento los panas comen bien, caro, pero bien.

De ahi seguimos caminando y llegamos a la plaza la Concordia; Es una mega redoma que tiene la versión original de nuestra depreciado Obelisco en Altamira; el mismo que sirvió de modelo al de Buenos Aires. La versión original tiene mucho más tamaño (Freud tendría algo que agregar sobre este tamaño comparado con los regalados a otros países). La plaza es full grande y pasan un montón de carros, me imagino que sirve de punto de distribución para diferentes vías en el centro de París.

Luego entramos al jardín de las Tulerías, que formó parte en algún momento del Palacio Real. Imaginen la versi1ón real del Parque del Este, o del Central Park, aunque con mucha menos extensión que éste último. Tiene un par de fuentes con muchas sillitas para sentarse a ver los paticos, y los barquitos a escala que la gente navega. En invierno hay muchos valientes que se atreven a estar por ahí.

Al final del Jardín de las Tulerías llegas al imponente palacio que actualmente es el museo del Louvre. El pana Enrique IV, por allá por los años 1600 hizo el diseño del palacio a partir de una fortificación que estaba en el mismo sitio. Despues de un montón de años de ser la residencia de los reyes, la construcción del palacio de Versalles hizo que la familia real se mudara como en los 1780. A partir de ese momento se alojaron las Reales Academias de los artes en Louvre. Luego llegó la revolución francesa y los reyes fueron desalojados de todos los palacios (el desalojo incluyó el de las cabezas de sus cuerpos) y en 1783 el palacio Real fue inaugurado como Museo.

El museito recibe más de 6millones de visitantes anualmente que vemos algunas de sus 35.000 obras expuestas. Por cierto, sólo tiene chance de exponer el 10% de sus obras, es decir, que tiene bastante más de 350.000 piecitas. Los días miercoles y viernes abren hasta las 10 pm, el resto de los días cierra a las 6pm.

Llegamos como a las 7.30, y luego de un cafecito en el Carrousel del Louvre nos entrompamos con la cultura por un par de horas. El Carrousel del Louvre es parte de una remodelación mayor que se hizo al museo en el 2004 y que agregó un centro comercial bien malandro a la entrada subterránea del museo. O sea que del metro caes en la galería comercial y de ahí entras al museo.

Como teníamos sólo dos horas en esta primera visita, nos tiramos el top ten. Desde la victoria de Samotracia hasta la Monalisa, pasando por las esculturas romanas, los cuadros del renacimiento. Cuándo uno entra lo invaden tres sentimientos; el primero de ignorancia infinita ante tanta cultura, el segundo de incredulidad por todo lo que le han robado a otras culturas, y el tercero de agradecimiento por haberselo apropiado y permitir que el mundo lo vea conservadito y alejado de manos inescrupulosas. De pasapalos los panas saben hacer bien su trabajo y todas las puestas en escena son impactantes, y bastante entretenidas. A esta hora noctura de la visita, el museo está full de estudiantes de artes, que lapiz y cuaderno en mano intenta capturar un poco de tanta belleza expuesta.

La Mona, aunque sabidamente más pequeña de lo que uno esperaría y super vigilada y lejana, tiene definitivamente su encanto. Despues de verla sientes que haz chequeado uno de las cosas importantes en la vida.

Salimos y nos fuimos caminando primero y luego en metro. Llegamos tipo 11 a la plaza república y buscamos al para comer. Habían algunos sitios cerrados demostrando que la ciudad eventualmente duerme y nos tocó aterrizar con Ronald para una conocida (pero con algunos matices parisimos) ensalada de pollo crispy y nuggets.

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