jueves, 22 de enero de 2009

El arte es una mentira que nos acerca a la verdad (*)

Desayunamos en una boulangerie (como una panadería pero dicho en francés, que tira más pinta) atendida por unas señoras muy amables. Las señoras no hablaban mi media palabra en inglés, así que fue toda una proeza explicarles que el croasan que viene en el combo lo quería cambiar por uno que tuviera jamón. Al final del cuento, nos cobrar el combo más el croasan de jamón, pero no nos dieron el que se incluía en el combo. Cosas del idioma.

De ahí salimos con ganas de entrarle a la cultura de frente: nos fuimos caminando al museo Picasso. El museo está en un edificio construido en 1659. Es muy impactante el trabajo de intervención que han hecho por dentro, y el trabajo en los jardines. Aunque no es un museo muy grande, tiene la mejor colección de Picasso en el mundo con más de 3.000 obras que el mismo pana donó al museo. En algún momento Picasso llegó a decir, que el "era el mayor coleccionista de Picasso en el mundo" y al final de su vida donó un montón de estos trabajos. Luego su hija tambien donó otro poco.

Una cosa muy interesante del museo, es que incluye no sólo las obras realizadas por el, sino las obras de otros artistas que poseía. El pana llegó a tener full obras de otros artistas contemporáneos, así como obras anteriores. Es como ver el play list de sus obras arte; tripa!

De pasapalos, pudimos ver la intervención que hizo del museo, un arquitecto que además era su amigo personal-discípulo; Daniel Buren. El amigo Daniel picó en dos el museo con una pared en blanco y negro que se puede ver desde el exterior y dentro de las salas. En unos pocos meses el museo va a cerrar por dos años para una restauración mayor. Realmente un paseo muy tripa.

Seguimos caminando para Notre Dame, el hogar del afamado (aunque un poco desafortunado) jorobado. La iglesia es realmente acojonante; está hecha, como todas las grandes iglesias, para hacerte sentir muy pequeñito ante el inmenso poder de La Iglesia. Entramos y la recorrimos, aunque sin tomar el tour pago que te lleva al sitio dónde vivía el jorobado. Adentro puedes comprar las velitas para bendiciones especiales y hay una tienda con los souvenirs "sagrados".

De ahí nos fuimos a comer a un sitio abierto en 1889; pedimos unos sanduches con pan baguete. Despues que nos lo entregaron le pedí al pana que los calentara, y puso su mejor cara de francés sobrado y me dijo "no los puedo calentar por que no quedan bien", o sea que lo de que el cliente siempre tiene la razón aqui no aplica mucho. Frio y todo no estaba malo el sanduchito malasangre.

Despues nos fuimos a caminar al barrio latino, que es dónde queda La Sorbona. En mi infinita ignorancia, siempre pensé que el barrio debía al nombre a la influencia de los latinoaméricanos que hicieron vida cultural en dicho barrio. Pues naranjas chinas; el barrio debe su nombre a que en el siglo 12 cuándo fue fundada La Sorbona, todos los universitarios hablaban en latin. Un pequeño pelón de unos 10 siglos.

La sorbona tiene toda la majestad que uno puede imaginar de una universidad que tiene 300 años más que América de descubierta. Me pregunto si los panas que estudian ahí se darán cuenta lo afortunados que son al poder estudiar en ese recinto tan arrecho; seguramente como muchacho no es gente no le paran ni medio. Atras de la Sorbona está el panteón, que es un edificio super grande tambien. No tengo ni idea de a quién entierran ahí, pero según indica el letrero de afuera Francia no olvida a sus héroes.

Pasamos por una tienda de juegos muy peculiar, que tiene una amplia colección de cartas de tarot, juegos de ajedrez diversos, rompecabezas y caleidoscopios. Dejamos unos cuantos euros y decidimos irnos conocer a la sra Torre de noche.

Llegamos por la estación de la escuela militar que permite llega caminando desde el patio trasero a la Torre Eiffel. Cuándo uno comienza a verla entiende por que es un símbolo de la ciudad, y por que los parisimos se arrecharon cuándo la instalaron. La torre es totalmente desproporcionada de las dimensiones de París. Sobresale de todos los edificios y es realmente imponente. Además al ser toda de hierro y super modernista desentona con todas las edificiones clásicas o neo clásicas del casco central de París. Estuvimos un par de horas con la boca abierta, que sólo se cerraba para ahuyentar a unos amigos africanos que se turnaban para cada 5 minutos ofrecernos unas torrecitas de plástico más feas que el hambre.

Con el frio que nos estaba encogiendo hasta el alma, nos comimos una creppe de nutella con cambur (de hecho, unos camburcitos bastante pichositos) que sabía a gloria. La torrecita cada hora se enciende en una histeria de luces que realmente sorprende. Me imagino que a los vecinos no debe parecerle tan bonita, pero es realmente tripa.

Atravesamos el Sena hacia el Norte y nos fuimos caminando por la avénida George V. En esta avénida se encuentran las oficinas/tiendas de las grandes marcas de diseño. Es decir, las oficinas dónde se sentó Coco Channel, o el sr Yves Saint Laurent, o el sr Ralph Lauren. Me imagino que lo único por lo que no cobran es por ver las vidrieras,todo lo demás parece muy muy caro.

Llegamos a Champs Elyse y aterrizamos en un Starbuck para descansar las paticas y leer un rato. Cafecito y a dormir.

(*) el titulo intenso es una frase de Pablo el Picasso

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