sábado, 24 de enero de 2009

La Torre de Babel

Tenemos hasta las 4 de la tarde para irnos al aeropuerto. Asi que hoy vamos como una bala. Despues de hacer las maletas, que toma lo suyo, salimos en metro al Louvre. Compramos las entradas y dejamos las maletas en el maletero del museo. Tomando la estación que sale de ahí mismo, nos vamos a la más cercana a la Torre Eiffel.

Llegamos por un lado, a diferencia de la vez anterior que llegamos de frente. Como ya habíamos dejando bastante la boca abierta en la visita noctura, nos fuimos directo a hacer la cola para subir hasta la coronita. Full gente, pero la cola se mueve rápido. El sistema de elevador lo diseño el pana Eiffel y sólo le han hecho algunas modificaciones. Se ponen quisquillosos con el tema de la capacidad de los ascensores para evitar algún ascensor estropea-vacaciones.

Se deben tomar dos ascensores; el primero pasa por los pisos 1 y 2, que están en la parte gordita de la torre y que suben en diagonal. Luego te cambies a unos que suben directamente por el tubito central. Cuándo comenzamos a subir no se puede evitar pensar en la torre bíblica, la de los mil idiomas. Delante tenemos a un japonés, detras a unos rusos, más adelante latinoaméricanos; total que se hablan como 20 idiomas en las personas que están cerca. Y no hay mucha gente por que es invierno. En verano debe estar todas las naciones unidas y un poco más.

La hora de espera vale definitivamente la pena; la vista es increíble de la ciudad y más increíble pensar en lo arriesgado que era el pana Eiffel. No contento con hacer la torre, construyó un laboratorio de física en la parte más alta. En el último intento para tumbarla (por fea y desproporcionada) se salvó por que el ejército había instalado estaciones de radio y era una antena buenisima.

El ascensorista te indica en tres idiomas lo que debes hacer; inglés, francés y español. Cuándo habló en español, el mandibuleo nos resultó demasiado conocido; caraqueño de pura cepa. Bien alto llegó el muchacho (de hecho, llega alto todos los dias)!

Bajamos y nos fuimos corriendo al museo. Como ya era cerca de la 1, nos apresuramos a comer en la Feria de comida que queda en el Carrusel Louvre. No calculamos que esta feria es más chic que cualquier otra y con mucha más gente. Asi que tuvimos que ir por un bocadillo rápido y despues veríamos el resto.

Entramos al Louvre, y nos tiramos el resto del tiempo viendo la parte egipcia. Los panas le echan un cerro de piernas, para armar las exposiciones. Y, de nuevo, uno vuelve a agradecer todo lo que se han robado para poder mantenerlo bien.

Nos fuimos a la estación de autobuses, y de ahí al aeropuerto. El vuelo salió con puntualidad inglesa y en menos de lo que un francés dice "canilla" estábamos durmiendo en casa.

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