De ahí nos fuimos caminando a dos cuadras a la Mezquita Azul. Nunca habíamos entrado a una mezquita; a mi realmente me parecía un poco incómodo quitarme los zapatos, pero cuándo entré realmente entendí y me pareció super malandro. Todo el piso está lleno de alfombra que se siente muy bien al tacto. A diferencia de las iglesias católicas, la mezquita es un gran espacio totalmente abierto y que es muy fresco a la vista. No hay ningúna figura humana en la decoración, ya que sólo tienen permitido colocar figuras geométricas. En todas las mezquitas las chicas tienen su espacio para poder rezar y está separado de los hombres. Los hombres deben tratar de orar en la mezquita, y las mujeres pueden orar dónde quieran.
Esta mezquita fue construida por Ahmed I por allá por los 1.610, cerca de Santa Sofía, para tirar pinta. De hecho, el pana era un poco sobrado y eso hizo que los Mulás se molestaran full. Una de las mayores quejas es que quería hacer una mezquita que tuviera 6 minaretes (las torrecitas desde dónde se llama a la oración), y eso la igualaría con la Meca (la mamá de todas las mezquitas). Entonces Ahmed I que tenía full dinero hizo lo que cualquier monarca sobrado hubiera hecho; le mandó a poner una septima a La Meca. Como muchas otras mezquitas, el complejo incluye un hospital y una madrasa,la escuela para el Islam.
En la Mezquita tienen una zona que es para visitantes y otra sólo para fieles. Despues de un rato ahí, ya tenía ganas desacar por las greñas a los abusadores que no respetaban esta linea y se tomaban fotos en la zona para fieles. Me llamó la atención que nadie de la mezquita (había unos guardias y un pana con cara de practicante) viniera a sacarlo; en una iglesia católica ya estuviera excomulgado por mucho menos que eso.
Despues de ahí nos fuimos a Santa Sofía, que queda justo a dos cuadras. Construida en el siglo 6 bajo el imperio bizantino, fue por 1.000 años una iglesia católica. Cuándo el imperio cayó y los musulmanes conquistaron la ciudad, la convirtieron en una Mezquita; esta conversión incluía colocarle los minaretes, eliminar las figuras, grabados, cruces y colocarle simbolos geométricos en vez de las humanas. Ataturk, el pana fundador de la turquía moderna, ordenó en 1935 que se convirtiera en un museo. Una decisión full sabia, ya que la "secularizó" y evitó tener a lo católicos o musulmanes peleandose por este histórico edificio. Claro, tambien perdió el financiamiento y ahora debe encargarse el estado turco de los costos de mantenerla.
Aunque es realmente impresionante uno nota los pegostes que le han hecho, y siente que no es para nada armónica. De pasapalo están tratando de restaurar una parte y hay unos andamios en el medio de la nave principal. Despues de haber salido de la mezquita azul con toda su paz interior, sentí que Hagia Sofia es un poco deprimente. Imponente y atemorizante como buena iglesia católica.
Nos fuimos caminando hasta el Gran Bazar o KapaliCarsi. El mercado totalmente cubierto es uno de los más grandes del mundo; con unas 58 calles y más de 1.200 tiendas es lo más cercano que se puede estar al mercado dónde compraba Sherezade.
Para ponerlo emocionante, fuimos a buscar un restaurant recomendado por la guía de Lonely Planet. De nombre Hazvolu, sólo teníamos el nombre de la calle dentro del mercado. La cosa se pone complicada cuándo ni siquiera se puede pronunciar correctamente los nombres de las calles, y de pasapalos todas se parecen full. Despues de toda una aventura linguistica, finalmente pudimos dar con el restaurant. Creo que aderezado por el esfuerzo, la comida nos supo a gloria. Estos panas saben como comer bien; extrañamente uno siente familar la sazón turca. El uso de las especies hace que uno recuerde sabores cercanos. Nuestro encantador mesonero nos ofreció un té de manzana "cortesia de la casa". El té estaba buenisimo, y al minuto siguiente estaba el mesonero ofreciendonos un kilo del "mejor té del mundo" por el "precio más barato" a sólo 10 liras turcas. A 10 metros estaba el mismo té a 5 liras.
En el mercado se respira un aire políglota; todo el mundo balbucea el inglés, el italiano, el español, y como 4 o 5 idiomas más. Definitivamente los mercados son conversaciones.
Nos fuimos a hacer una primera compra en el mercado; la idea es que uno debe regatear TODO el tiempo. Si no lo haces estás perdiendo dinero. En Hagia Sofia oimos a una guía instruyendo a unos turistas que deberían tratar de rebajar al 30-40% del precio ofrecido incialmente. En mi primera compra el pana pidió 30 liras turcas, yo ofrecí 20 y el pana aceptó. O sea que algo hice mal por que debimos haber regateado aún más. Debo practicarlo más; es algo muy extraño a lo que uno no está muy acostumbrado. La idea que el precio se establece directamente proporcional a tus habilidades de negociante no es muy occidental.
En una de las sopotocientas salidas del mercado, nos tomamos un café en un bulevard lleno de joyerías. Se ve mucho dinero en Estambul. El café es una cadena local que no se la pone fácil a Starbucks; buen café servidor con cucharitas de chocolate, muy bien decorado, y un montón de dulces exquisitos.
Luego de ahí nos fuimos caminando en búsqueda de la Torre Gálata. Aunque parece sencillo por que se vé desde todas partes, tiene su complicación llegarle caminando, y no estaba tan cerca como pensamos.
.La torre tiene un restaurant "tipico" adentro y te cobran un montón de liras turcas por subir. Nos devolvimos caminando y pasamos por una zona bohemia dónde no hay muchos turistas. Compramos unas pulseras a un hippie que estaba encantado que vinieramos del país de Chávez, "a real revolutionary"; me imagino que no entendió mucho nuestra respuesta "viví con él", pero me imagino que todos los "revolucionarios" tienen buen lejos.
Seguimos caminando y llegamos hasta İstiklal Caddesi (algo asi como Calle Independencia), que es un bulevard muy moderno, que termina en uno de los tantos monumentos al padre de la patria Ataturk, llamado Taksim Square. Este bulevard no tiene nada del imperio bizantino, y si mucho de moderna Europa. Montones de gente, por que la que a duras penas pasa el tranvía turístico, tiene muchisima vida este bulevard. Se nota que Estambul es una de las capitales importantes de Europa. Atravesamos todo el bulevard, y nos vinimos caminando, siguiendo la ruta del tren, como una hora hasta llegar al hotel.
Algunos pedazos del trayecto estaban oscuros, pero nunca nos sentimos inseguros. Aunque veníamos con nuestra paranoía lista para este país del tercer mundo, nunca tuvimos que utilizarla. Despues de dos horas caminando, llegamos a medianoche a la zona dónde está el hotel. Teníamos hambre y ganas de una ensalada sin muchas complicaciones linguísticas, asi que nuestro amigo Ronald mostró lo mejor de sí.
A dormir con unas cuantas millas encima.

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