Levantarse en invierno es complicado; la temperatura le dice a todo tu cuerpo que todavia no es hora de levantarse, y la luz del día (aunque abras las ventanas) llega con mucha flojera, cuándo llega. Total que comimos en la casa (desayuno con flojera) y salimos al mediodia a caminar.
Nos fuimos por la estación Las Tablas, que queda a dos cuadras de la casa y es parte de la línea 10. Es de las últimas estaciones hacia el norte. Por cierto, con brisita diabólica (que se te mete hasta en las ideas) dos cuadras con mucha distancia.
Esta linea tiene una particularidad que nunca había visto en otros metros; íbamos en el vagón con dirección hacia el sur, y cuándo llegamos hasta la estación Tres Olivos, el desgraciado tren comenzó a devolverse. Imagina: vas en el tren en la dirección correcta y en un momento zuas, comienza a devolverse. Con cara de Indios nos bajamos en la siguiente (o anterior) estación, y ahí nos dimos cuenta que había unos letreritos indicando que debíamos cambiar de tren en Tres Olivos. Como si no hubieran podido empatar bien las vías, una misma línea tiene dos hileras de tren; una que hace sólo 4 estaciones (ida y vuelta) y la otra que hace el resto. Si, en ese momento pensé que había sido una empresa de construcción Gallega.
Llegamos a la estación Tribunal que queda en el centro de la ciudad y comenzamos a caminar. La idea era aprovechar que el sol que había salido por primera vez en muchos días para estar al aire libre. Aunque toda la comunidad científica diga que es el mismo sol, en el trópico con esa pepa de sol que había estarías sudando, pero aquí no sé por cuál efecto te cagas de frío más que si estuviera nublado. Pero igual, valientes _ y tropicales _ seguimos caminando para aprovechar la vitámina D.
Caminamos un pelo por el paseo la Castellana, que es un espacio demasiado tripa para vacilarselo (casi con más espacio para los peatones que para los carros) y llegamos a Cibeles. Seguimos bajando y justo frente al Museo del Prado, cruzamos a la izquierda para entrar de frente al Parque del Buen Retiro.
Este parque es el equivalente al Central Park, las Tulerías, o más plebeyamente el parque del Este. Es un parque en todo el medio de la ciudad que mide 168 Hectáreas (una vainita). El parque comenzó como un regalo de un Conde al Rey para que se retirara a las afueras de Madrid. Me pregunto qué clase de jalabolas le regala más tierra a un Rey que posee todas las que no tiene dueño, pero me imagino que en las cortes siempre se consiguen los mejores aduladores. De eso hace como 300 años y han ido agregandole cositas por cuenta de los fondos reales (o sea de los impuestos).
Debido al friito que hacía (!de cojones!), sólo lo caminamos un pelo y nos sentamos a leer en un cafetería frente a un lago. En dicho parque y con dicha temperatura había unos arrechos trotando, pero el premio de foca del año se lo llevaban unos amiguitos montados en los botecitos metidos en el lago. Ahí estuvimos un par de horas hasta que el frio nos venció y nos fuimos a comprar maś libros.
Entramos en la Gran Vía en una de las cadenas de tienda más grandes de libros en España; Casa del Libro. Fundada en 1923 los panas de verdad son una librería del carajo. En esta sede tienen 5 pisos dedicados única y exclusivamente a los libros. Cada piso tiene áreas especializadas y puedes pasarte un día en cada uno. Lamentablemente en esta primera visita sólo pudimos estar un par de horas, pero vamos a volver "a por más".
Luego a la casa, con nuestros 40 minutos de metro, y las dos cuadras que se hicieron más cortas por la ausencia del frio diabólico antes mencionado.
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