viernes, 30 de enero de 2009

Cumpleaños Redondo

Llegó el cumpleaños de Diana!! lo que decidimos celebrar en este viaje alucinante!!

Desayunamos en el hotel, mismo buffet de los dias anteriores, pero ahora más aburrido.

Fuimos al cajero a sacar dinero. La situación del control de cambio en Venezuela hace que uno se acerque a los cajeros igual que un Inca se dirigía al altar de los sacrificios; esperando que la gracia divina (en este caso del Dios Cadivi) se apiade de nosotros. No pudimos sacar dinero, y al parecer enfurecimos al dios Cadivi ya que la tarjeta se nos quedó atrapada en el cajero. Esta nueva aventura no pintaba bien; explicar a un cajero de banco turco que nos debía devolver la tarjeta cuánto antes. Entramos al Banco y ningún cajero hablaba inglés. Llamaron a un supervisor que tenía peor inglés que mi mandarín. Finalmente logramos hacernos entender y sin muchas medidas de seguridad (nada de paranoia venezolana) nos entregaron la tarjeta y salimos ahí con cara de Indiana Jones despues de encontrar el Santo Grial.

Fui al Gran Bazar a comprar el regalo de cumpleaños; me tripeé recorrer el mercado de Sherezade y encontrando tiendas super extrañas. En especial me llamó la atención una tienda de medallas; vendían todo tipo de medallas desde condecoraciones civiles hasta militares pasando por condecoraciones nazis. Tambien me llamó la atención un calígrafo que vendía su trabajo por letras; totalmente surrealista. Mi regateo iba mejorando; el mayor descuento que logré fue el 70% del precio original.

Me encontré con Diana en una cafetería cercana, nos tomamos un cafecito con chocolatico y nos fuimos al puerto rumbo a la parte asiática de la ciudad.

Tomamos un bote-bus cero turístico que transporta la gente de un continente a otro. Un autobucito intercontinental; tira full pinta, no?. A toda hora está full de gente, pero realmente es una experiencia mucho más ordenada y civilizada que lo que me imaginaba. A pesar del gentío todo muy callado y tranquilo; 3.40 liras por 30 minutos de viaje.



Llegamos a Harem Otogari y salimos a Baharive, un bulevard bien malandro, dónde hablan cero inglés. Extrañamente cercano a los palos grandes; con comercios pequeños en zonas residenciales. Caminamos como una hora y compramos ropa étnica-hippie-trendy en una tienda dónde no hablaban nada de inglés. Eso sí con chavela vargas como banda sonora. Despues de parir con la falta de idioma, y a punta de dibujitos, pagamos y seguimos caminando. Intentamos llegar al puente que nos permitiera cruzar a pie hasta el lado europeo, pero la lluvia, el frío y el atardecer nos lo pusieron dificil. En un momento nos perdimos; hicimos nuestro mejor esfuerzo por preguntarle a los locales, pero la cosa se puso complicada y decidimos tomar un taxi.

Debido al incidente de la mañana y las compras realizadas, teníamos muy poco efectivo 30 liras para ser exactos. Aqui todos los taxis tienen taxímetro (como en cualquier país civilizado), y nos montamos confiados en que nos alcanzaran nuestras liras. El tráfico no nos ayudó mucho y el taxímetro se movía hacia arriba sin misericordia. Claro que fuera viernes de quincena, y que quisiéramos atravesar el puente más concurrido hacia la zona con más swing nocturno, tampoco ayudaba mucho en un viernes de quincena. Despues de 40 minutos en el taxi, ya se acercaba peligrosamente a las 30 liras. Cuándo estabamos como a dos cuadras, le pedimos al taxista que nos dejara bajarnos para no sobrepasar nuestra sorpresa. En este momento el sr taxista comenzó a decir unas palabras en turco que sonaban bastante amenazadoras. Ya nos veíamos secuestrados por una mafia turca, pero al final el conato de pelea se zanjó con 5 euros adicionales. Luego nos enteramos que el amigo taxista debía cobrarnos lo que decía el taxímetro más el cargo por el peaje de pasar por el puente.

Llegamos a Taksim y nos fuimos buscando el restaurant dónde ibamos a cenar. Había reservado en un restaurant que todo el mundo decía que era la tapa del frasco en Estambul. Como llegamos temprano nos vacilamos el bulevard nuevamente y nos tomamos un cafecito. Llegamos al restaurant justo a nuestra hora de reservación y efectivamente todo el mundo tiene razón. El restaurant es demasiado tripa. Está en el último piso de un edificio restaurado. Te recomiendan subir por las escaleras de los 6 pisos para que te tripees la decoración del edificio. Tiene varias oficinas, galerías, tiendas, que están super bien decoradas.

El restaurant debe su nombre 360 a que puedes ver la ciudad desde todos los angulos, ya que el techo es todo de vidrio y el restaurant ocupa toda la planta.



Comida tipo "fusión", pero con precios bastante menos metidas de dedo en el ojo que en caracas. Realmente la pasamos super bien, alucinando en el restaurant. El menú está tan bien hecho que lo venden por 10 euros. Nuestra buena botella de vino turco acompañó muy bien la comida.

Nos fuimos de ahí a Sultan Ahmed, y nos despedimos la Blue Mosque y de Hagia Sofia. Con una sensación extraña de nostalgia por un sitio que definitivamente se encuentra grabado en alguna parte de nuestro ADN ancestral. Al hotel y a dormir por tres horas.

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